Con cerca de 5,8 millones de votos Maduro asegura su segundo período presidencial.

El presidente venezolano se hizo con una holgada victoria en una elección con poca participación y en la que sus contrincantes desconocieron los resultados. La crisis económica, el aislamiento internacional y el descontento popular son algunos de los retos que tendrá que lidiar en los próximos seis años.

El resultado estaba cantado. Nicolás Maduro logró este domingo su reelección con una aplastante victoria en las elecciones presidenciales de Venezuela, que pasarán a la historia como uno de los procesos con más baja participación de votantes en su historia.

Nicolás Maduro, tras ser reelecto presidente de Venezuela:Dijo que “La oposición quedó nocaut”

El mandatario le restó importancia a las críticas de la oposición, que pidió una nueva votación, y los invitó a una “mesa de diálogo”.

De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral venezolano, y con más del 92 % de las urnas escrutadas, Maduro consiguió cerca de 5,8 millones de votos para asegurarse así su segundo período presidencial. El jefe de Estado venezolano superó por un amplio margen a sus contrincantes, Henri Falcón (1,8 millones de votos) y Javier Bertucci (950.000), y se garantiza su permanencia en Miraflores hasta el 2024.

“Hoy el pueblo dio una respuesta contundente: obtuvimos 68 % de los votos y con una victoria abrumante sobre el candidato de la oposición”, dijo victorioso el presidente Maduro este domingo desde el Palacio de Miraflores, en Caracas.

Sin embargo, esta jornada electoral estuvo marcada por la abstención, pues de 20 millones de votantes habilitados, sólo 8,5 millones de venezolanos ejercieron su derecho al voto, lo que significó una participación de apenas el 46 % en un país que históricamente ha salido en masa a votar. De hecho, esta jornada electoral marca una reducción de casi 30 % en la participación respecto a los comicios de 2013, cuando Nicolás Maduro le ganó al candidato opositor, Henrique Capriles.

 

Muchas dudas se habían sembrado alrededor de estas elecciones. Un fuerte sector de la oposición argumentaba que no había garantías para unos comicios transparentes e invitó a no participar en ellos, y aun así dos candidatos, Falcón y Bertucci, optaron por ir a las urnas a probar su suerte contra el presidente Maduro.

El escenario con Maduro reelecto

En los próximos días se espera que Maduro juramente su cargo ante la Asamblea Nacional Constituyente, que será decisiva de cara al 2019, cuando termine de redactar la nueva Constitución. De acuerdo con expertos, la victoria del presidente venezolano aceleraría los procesos dentro del organismo para la promulgación de una nueva Carta Magna “plenamente socialista”, en la que se generen condiciones para la reelección indefinida y se pueda llegar a un Estado con mayor control sobre la propiedad privada.

De hecho, es probable que, una vez se proclame la Constitución, se convoque a una nueva “relegitimación de poderes”, un proceso que promovió hace 18 años el entonces presidente Hugo Chávez para darle validez a la nueva Carta de 1999. Chávez, que en ese momento no contaba con las mayorías parlamentarias, convocó a elecciones generales dos años después de haber sido elegido presidente y consiguió que se votaran nuevos gobernadores y alcaldes, así como una nueva Asamblea Nacional, con mayoría chavista.

Una eventual elección de un nuevo parlamento le plantearía un fuerte dilema a la oposición, que se arriesgaría a perder el único bastión político que le queda en Venezuela. Participar o no participar: un dilema que ha repercutido negativamente en las filas opositoras, como cuando algunos dirigentes de este sector decidieron ir a los comicios regionales de agosto de 2017.

Este dilema terminaría por definir el nuevo mapa de la oposición, que quedaría dividido en tres frentes. El primero, y que habrá ganado un fuerte capital político, es el de Henri Falcón y Javier Bertucci, al que algunos analistas califican como de una oposición blanda, y buscaría un diálogo. La segunda la conformarían la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y el denominado Frente Amplio, y, por último, el sector de María Corina Machado, que no se plantea ningún tipo de concesión con el oficialismo.

 

Las cifras oficiales muestran que entre 2017 y 2018 migraron cerca de 82.000 venezolanos a Argentina, 50.000 a Brasil, 800.000 a Colombia, 4.000 a Costa Rica y más de 160.000 a Chile, así como 15.650 a Guatemala, 65.784 a México, 65.415 a Panamá, 2.893 a Paraguay y 298.559 al Perú.

Sin embargo, Venezuela demostró que le importa muy poco la opinión de la comunidad internacional. A pesar de que la OEA y los países del Grupo de Lima anunciaron que no reconocerían los resultados de los comicios, la victoria le daría a Maduro un nuevo aire para fortalecer alianzas en otras partes del planeta, como China, Rusia e incluso la Comunidad de Estados Islámicos, encabezada por Irán.

De espaldas a Latinoamérica

“En un nuevo período de Maduro, Venezuela le dará la espalda a la región, pues no comparte sus valores ideológicos ni estratégicos”, explica Víctor M. Mijares, profesor del Programa de Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes. “Nos vamos a encontrar con un cuerpo extraño en Latinoamérica, que podría permitir el ingreso de Rusia y China, bien sea con acuerdos de cooperación militar o con inversiones en el sector petrolero”, agrega.

De ese modo, Maduro buscaría evitar la profundización de la escasez de productos básicos y medicinas, y controlar

Precisamente, uno de los principales beneficiados de la victoria de Maduro sería el presidente ruso, Vladimir Putin, pues le garantizaría seis años más de influencia en una región que históricamente ha sido lejana para Moscú. En más de 15 años de estrecho intercambio y relaciones de cooperación se han suscrito más de 260 acuerdos en áreas como medicina, turismo, agricultura, minería, petróleo y armamento.

Esto además de la fuerte cooperación militar que sostiene el Kremlin con Miraflores. En 15 años, Caracas ha depositado cerca de US$4.000 millones en las arcas rusas a cambio de armamento, de acuerdo con cifras del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri). La eventual victoria de Maduro seguramente no será reconocida por varios de los países de Latinoamérica y Occidente, lo cual, según Mijares, acelerará el aislamiento de Venezuela de la región y se contemplará su posible expulsión de la OEA, algo que Estados Unidos ha insinuado en varias ocasiones a través de su vicepresidente, Mike Pence.

Además, fuera de la Unasur y con sus relaciones deterioradas con varios países de la región, Caracas acentuaría su condición de Estado aislado, pero eso es algo que, de acuerdo con el analista David Smilde, profesor de sociología y miembro de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos en Venezuela, le servirá a Maduro para creer que está defendiendo la Revolución a cualquier costo.

“Ha enfrentado una cantidad de situaciones por las que cualquier otro líder habría renunciado”, aseguró Smilde a la BBC. “Maduro tiene metido en la cabeza que Chávez le dejó la Revolución y él tiene que seguirla a muerte”.