Lucida faena de capote y muleta del Caucano Guillermo Valencia,le valió salir por la Puerta Grande en Cali

Tercera corrida de la Feria del Señor de los Cristales. El nuevo matador de toros colombiano,nacido en Popayán, Guillermo Valencia ha sido premiado con dos orejas tras hacerle una lucida faena de capote y muleta, y matar muy bien al repetidor toro de su alternativa, que brindó a su madre. Sale por la puerta grande de la plaza de toros de Cañaveralejo.

Con media entrada en los tendidos, Valencia alternó con los diestros españoles José María Manzanares y Cayetano Rivera Ordóñez con toros chicos de Las Ventas del Espíritu Santo. Manzanares gustó con el sobrero que remplazó al segundo de la tarde, pero lo pinchó y mató con estocada baja. Recibió palmas. El primer ejemplar de Cayetano fue manso y con peligro. Lo mató con varios descabellos y escuchó aviso.

Guillermo Valencia vivió su gran día. Por todo lo alto. Años de nervios, ilusiones y desvelos para alcanzar una alternativa que se tornó soñada cuando logró desorejar a un gran toro de Las Ventas del Espiritu Santo. El de la ceremonia de un encierro desigual en hechuras y comportamiento del maestro César Rincón para conmemorar el 60º aniversario de Cañaveralejo, que registró tres cuartos de entrada en tarde de expectación.

Pero no todo fueron buenas noticias al regazo de Morfeo. José María Manzanares, entregado y roto toreando al natural al cuarto, sufrió una tremenda voltereta que obligó a su traslado al término del festejo aquejado de un fuerte dolor en la zona lumbar. Esa misma de la que fue operado tras Santander el verano. Otra vez. La pesadilla que se amenaza con reabrirse. Completó la terna Cayetano, que gustó y paseó un laborioso trofeo del quinto.

El toricantano tuvo un ‘Nativo’ de cum laude para su doctorado. Un gran toro de Las Ventas, con recorrido y buen son, perfectamente aprovechado por el diestro colombiano tras la ansiada ceremonia de manos de Manzanares. Trazó una faena por bajo en redondo, primero, que luego refrendó por ambos pitones acompañado por la música. Dejó una estocada entera y efectiva y afloraron los pañuelos. Dos orejas, que paseó en medio de las ovaciones. El noble toro de Las Ventas fue aplaudido con fuerza en el arrastre.

El caucano se llevó el lote propicio, pues el sexto fue otro animal muy bravo y encastado, que le permitió series en redondo, especialmente con la zurda, rematadas siempre con el de pecho. Faena alegre hasta el final con pases al abrigo de las tablas. Pinchazo y estocada delantera. Saludó una ovación.

El de Popayán tomó la alternativa ante dos grandes figuras del toreo y se impuso en la tarde en que se celebró el aniversario número 60 de Cañaveralejo. Manzanares saludó en sus dos toros y Cayetano cortó una oreja.

El niño torero de Popayán cumplió su sueño y de qué manera. No solo se hizo matador en la Plaza de Toros de Cali y ante dos máximas figuras del toreo, sino que en el primer toro de su carrera alcanzó la gloria. Se llama Guillermo Valencia, como el poeta o como el presidente de la república, dos de sus ilustres paisanos. Un matador de toros que en su primera tarde se fue a hombros por la puerta del Señor de los Cristales.

Cali se vistió de goyesca para la ocasión. Un 28 de diciembre de 1957 se inauguró Cañaveralejo. 60 años después la fiesta sigue viva y Colombia encontró un nuevo torero. Se lidiaron toros de otra gloria del toreo colombiano, César Rincón y aunque no fue un encierro redondo, precipitó una tarde con mucho para recordar.

Guillermo Valencia nunca la olvidará. Manzanares le cedió la lidia del primer toro en presencia de Cayetano. Nativo, el toro de Las Ventas del Espíritu Santo fue un auténtico regalo para el debutante. Embistió con nobleza y calidad desde que se asomó a la arena. El torero de Popayán comenzó su faena con cambiados por la espalda, luego citó a larga distancia y el toro se fue tras la muleta como si fuera el mayor objetivo de su vida. No se cansó de perseguirla una y otra vez, el torero se lo pasó alrededor de su cuerpo hasta poner la plaza boca abajo. Cortó dos orejas.

Precioso el vestido goyesco, diseño de Armani, que lució Cayetano. El dinástico paseó una oreja del quinto. Buen toro, aunque un poco falto de raza, permitió al espada construir una faena interesante, muy meritoria, pues la falta de celo de su adversario obligó a robárselos de uno en uno. Remató con ceñidas manoletinas, que se ovacionaron y, tras el acierto con el acero, paseó su trofeo.

Una lástima que, por culpa de la poca raza de su primer oponente, no hubiera ahí opción de triunfo. Intentó llegar por ambos pitones, después de preciosos doblones de rodillas en el inicio. Tampoco hubo suerte con la espada, pues pinchazo, entera y varios descabellos hicieron sonar un aviso. Pese a ello, el tendido le devolvió con palmas el brindis que hizo al inicio y su esfuerzo.

El segundo, para Manzanares, fue lamentablemente protestado desde la salida por falta de trapío y cambiado por el presidente. Salió un sobrero del mismo hierro, bien presentado, pero escaso de bravura. Faena muy técnica ante la falta de casta de su oponente, donde el alicantino dejó muletazos muy suaves y con exquisito temple. Finalizó su actuación con pinchazo hondo y una entera, que dejaron el balance final en cariñosas palmas.

Era apenas el prólogo de lo que parecía ser una tarde para la historia. Pero los cinco capítulos restantes no alcanzaron la misma dimensión. El primero de Manzanares fue devuelto a los corrales, pero el sobrero que lo sustituyó no tuvo emoción. El quinto de la tarde provocó los momentos de mayor tensión.

Cuando Manzanares lo toreaba con la muleta prefirió el cuerpo que la tela y levantó al torero que cayó en la arena. Manzanares superó el trance y arrancó apasionados oles del tendido. Saludó ovaciones en sus dos toros.

Cayetano abrevió su faena al tercero de la tarde, entre otras porque el toro prefería buscar las zapatillas del torero que la tela de los engaños. Pero fue con Previsivo, el toro que salió en quinto lugar, donde los quilates de su toreo brillaron con luz propia. No fue una faena de muchos pases, pero los pocos que dio fueron de categoría. El público de Cañaveralejo lo supo entender y se emocionó con la pureza de su toreo. El torero hasta hizo recordar a su padre, Paquirri, cuando toreó mirando al público en los tendidos.

La tarde del aniversario fue para Guillermo Valencia que pudo pasear otro trofeo en el sexto, pero ya era un trámite para su paseo triunfal. El torero de Popayán se fue a hombros por la puerta que siempre soñó cruzar desde que era un niño torero.

Al contrario que su primero, el cuarto fue un toro serio, bien presentado, que permitió al alicantino bordar lances muy cadenciosos a la verónica. Además, empujó el del maestro Rincón con fuerza al caballo. La dulzura y ortodoxia de las series en redondo por bajo hicieron sonar el pasodoble al compás de los ‘olés’. Naturales lentos y templados. Abandonado, se entregó tanto que incluso recibió una espeluznante voltereta, afortunadamente sin ser corneado. Volvió a la cara del toro, dolorido, para pasaportarlo, pero el metisaca inicial -antes una estocada entera arriba, en su sitio- y lo mucho que tardó en doblar hizo sonar un aviso y el respetable se enfrió. Saludos en ambos, fue trasladado a la Clínica Imbanacopara una revisión médica, debido al fuerte dolor lumbar por la fuerte cogida sufrida.

Resumen:

Hierro de Las Ventas del Espíritu Santo - Colombia Plaza de toros de Cañaveralejo, Cali (Colombia). Tercera de feria. Corrida Goyesca del 60º aniversario del coso. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Las Ventas del Espíritu Santo, el segundo como sobrero, desiguales de presentación y juego. Destacó el lote de Valencia (1º y 6º). logo-mundotoro-fichas-crónicas
José María Manzanares, ovación tras aviso y ovación.
Cayetano, palmas tras aviso y oreja.
Guillermo Valencia, que tomó la alternativa, dos orejas y ovación.