Politiquería y alcahuetería

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Los partidos se han ido convirtiendo en una vergüenza. Ninguno se salva de tener integrantes metidos en corruptelas. En algunas de esas formaciones todo el que puede mama mermelada, y a la menor oportunidad se avienta sobre el erario.

Como si fuera poco, el tema los deja impávidos, les importa un comino. El Directorio Nacional Conservador en un pronunciamiento relámpago y sin que mediara investigación alguna, eximió de culpa a su presidente Hernán Andrade, quien fue acusado de pagar para ponerle fin a una investigación que le adelantaba la Corte Suprema.

Cambio Radical corrió a poner entre sus candidatos al hijo de ‘Kiko’ Gómez, el condenado gobernador de la Guajira perteneciente a ese movimiento. Y sigue una lista infinita de actitudes semejantes para ilustrar la falta de respeto, el desafiante ‘importaculismo’, de los partidos frente a la opinión pública.

Qué pena decirlo, pero esas organizaciones en general se transformaron en cuevas hediondas, entelequias sin filosofía ni sustancia. Tanto es así que gran parte de los candidatos a la Presidencia están buscando su inscripción por el sistema de firmas, tratando de sacar toda la distancia posible de aquellas ollas podridas.

En este contexto la mayoría de los congresistas pertenecientes a los partidos tradicionales se hacen los de las gafas. Creen que pueden perpetuar el engaño y han venido atravesándose como vacas muertas, empeñados en consolidar sus fueros inmerecidos, durante el trámite de la reforma política. Así pretenden que se haga casi imposible crear nuevos movimientos e inscribir candidatos por firmas; al igual buscan imponer las listas cerradas, todo lo cual se orienta a que la tiranía de los partidos sea absoluta.

Los politiqueros incrustados en los partidos tradicionales, podrían seguir saliéndose con la suya, perpetuándose en el poder si ciudadanos, gremios y medios siguen de alcahuetas, dándoles micrófono y tribuna, y no les aplican la sanción social que se merecen. Esta consideración viene a cuento frente a situaciones que se observan por estos días y de las cuales menciono solo dos.

Gustavo Petro practicó abiertamente la politiquería desde la Alcaldía de Bogotá y terminó sancionado por las entidades de control. Sin embargo, ahora se pasea por el país haciendo campaña para la Presidencia, una posición a la que tiene vedado acceder por estar inhabilitado para los cargos públicos. Sigue la estrategia de coger púlpito y alebrestar pueblo, la cual le dio resultados cuando era alcalde y lo habían acusado de incurrir en irregularidades. Lo grave es que organizaciones de la sociedad civil y gremios productivos, en lugar de asumir una posición acorde con los mandatos de nuestra institucionalidad, le vienen pavimentando el camino al incluir las intervenciones del personaje en sus actividades y eventos.

Y que decir de la gran prensa nacional como el periódico El Tiempo. En las ediciones del viernes y sábado pasados las páginas de este diario hacen un buen despliegue sobre los congresistas que habrían pagado favores a los magistrados. Sin embargo, salvo la referencia al conservador Andrade, se omite señalar, denunciar, el grupo al que pertenecen los demás involucrados. ¿Será porque la mayoría de ellos hacen parte de la U, el partido del Presidente Santos, tan cercano a ese medio?

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  Por: Antonio de Roux
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