Atanasio Girardot estuvo 24 horas secuestrado en Medellín

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A pocas horas de cumplir 204 años de su logro independentista, la tranquilidad centenaria del prócer Atanasio Girardot fue perturbada por delincuentes inescrupulosos —apáticos a cualquier sentido patriótico— que se robaron, de la plazuela de la Veracruz de Medellín, el busto que el escultor Francisco Antonio Cano terminó en 1910 para rendirle un homenaje a este personaje.

¡Inaudito! El héroe —ahora de bronce— había sido secuestrado a  media mañana el pasado  jueves.

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“Extrañamente la escultura desaparece a la luz del día, a la vista de todos, de un lugar que es bastante visitado y muy vigilado. Es un mensaje terrible que un busto de bronce haya sido arrancado de un pedestal de mármol para llevárselo —probablemente— a ser fundido. Esta acción no puede quedar como un robo menor, es algo que atentó contra la memoria histórica y el patrimonio de todos. Una realidad bastante triste”, comentó indignado Sergio Restrepo, gerente del claustro San Ignacio de la caja de compensación Comfama.

Quién fue  Atanasio Girardot.?

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El robo —en dos ocasiones— de los bigotes de un felino de bronce, gordo y de tez rojiza, que custodia el parque biblioteca del corregimiento San Cristóbal, llamado El Gato, del maestro Fernando Botero, había sido la última víctima de las personas que no aprecian sino que destruyen la herencia artística de los paisas.

Las autoridades actuaron rápido, en pocas horas siguieron el rastro que dejaron las cámaras del sector. Al medio día de ayer ya tenían individualizado al responsable. Dos horas después, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, anunció que el busto se había recuperado.

Atanasio Girardot era hijo de un francés que se dedicaba a la minería y de Marta Josefa Díaz, antioqueña de pura cepa. Se graduó como abogado del Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario de Bogotá en 1810 y desde ese año, hasta el día de su muerte, dedicó todos sus esfuerzos a luchar por la independencia de Colombia y Venezuela.

Primero, Girardot se fue en una expedición para el sur de Colombia, peleó en la batalla del Bajo Palacé y consiguió liberar a Popayán, el 28 de marzo de 1811.

Lo que hoy es historia patria en ese momento fue casi un milagro: el antioqueño tenía un pequeño frente de 75 soldados -ubicados, eso sí, en un puente estratégico-, mientras que el enemigo contaba con un ejército de 2.000 hombres comandados por un español de apellido Tacón, al que apodaban “el tirano de Popayán”.

Atanasio Girardot

Con las uñas, Girardot venció al “tirano” y les pegó un susto a los enviados de la corona española, que por fin entendieron que eso de la independencia iba en serio y que los criollos ya no comían cuento de la monarquía. Lo del florero de Llorente no había sido sólo un chisme santafereño.

Una vez de vuelta en Bogotá, el presidente del Estado Libre de Cundinamarca, Antonio Nariño, elevó a Girardot al grado de capitán: un ascenso más que merecido después de la épica batalla del Bajo Palacé.

En ese momento, además de la amenaza española, los criollos de la independencia ya estaban peleando entre sí porque los unos querían un estado federal y los otros pretendían formar un gobierno centralista con capital en Bogotá -el tiempo de la famosa Patria Boba-. Así, Nariño mandó a Girardot a someter a las provincias federalistas de Tunja y El Socorro, en lo que hoy es Boyacá y Santander.

Sin embargo, Girardot traicionó a Nariño y se unió a las filas del otro bando: un ejército federal de las Provincias Unidas que fue vencido en Bogotá en enero de 1813.

Como ya no tenía nada que hacer en Colombia, Girardot se unió a la Campaña Admirable de Simón Bolívar en Venezuela. En menos de un año, el antioqueño liberó las ciudades de Trujillo, Mérida y Caracas, en heroicas batallas que todavía son recordadas en los países de bandera tricolor.

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En la capital venezolana, y cuando estaba en el mejor momento de su carrera militar, a Girardot lo visitó la “peluda”. Murió el 30 de septiembre cuando la bala de un fusil lo alcanzó mientras colocaba la bandera de la independencia en el territorio conquistado, en plena batalla de Bárbula. El coronel tenía apenas 22 años.

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Redacciòn