¡Sin Empresas no Hay Paraíso!

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Espero que NO se nos esté olvidando que una de las instituciones más importantes que tenemos en nuestra sociedad es la empresa.

Ella es el motor para el desarrollo social y económico de un territorio. Es la que genera las oportunidades, provee ingresos, fomenta la educación, transforma entornos y disminuye las brechas sociales. Existen de todos los tamaños, colores y sabores. Desde la unipersonal hasta grandes multinacionales.

Están en todos los sectores, pasa desde el que explota su parcela en el campo, al que tiene el negocio más sofisticado de tecnología. Gracias a la empresa, se irriga recursos, se transfiere bienestar y calidad de vida a los diferentes actores de la sociedad. Es la que genera la gran mayoría de los ingresos impositivos que recibe el estado para poder proveer bienes públicos y desarrollo.
Siendo esto así, es absolutamente contradictorio, que en vez de fomentar el crecimiento y desarrollo empresarial, lo que parece suceder es todo lo contrario. Emprender es una labor titánica y sostener en el tiempo una actividad empresarial es heroico.

Duele evidenciar lo difícil que es hacer empresa en este país. En Colombia existe un exceso de normatividad y regulaciones que impide que la actividad fluya.

Los trámites y los requisitos para crear una empresa son engorrosos y eternos. Se requiere la paciencia de Job para obtener los permisos con planeación municipal, las corporaciones autónomas regionales, el pago y gestión de las diferentes estampillas que hay que obtener, entre otros.

Nos híper vigilan y controlan las diferentes Superintendencias, la DIAN, el INVIMA y ahora la UGPP, por mencionar algunas.

La pequeña y mediana empresa, tienen las mismas obligaciones administrativas, contables y tributarias que las grandes, pero no cuentan con los recursos físicos, ni humanos, ni de capital para poder cumplir con las mismas.

La flexibilidad laboral es muy baja. Los impuestos en Colombia son altísimos, tenemos una tasa efectiva entre el 70% al 75% dependiendo del sector. Los costos energéticos tampoco ayudan. El contrabando pulula y compite con total deslealtad.

A todo lo anterior hoy tenemos que sumarle el nivel de desconfianza que se tiene por parte del consumidor, el cual ha generado una importante disminución en el consumo de los hogares. El inicio del año ha sido difícil, las expectativas de crecimiento son bajas. Las señales que se están enviando para reactivar la demanda no han sido lo suficientemente ágiles y claras. Se nos avecina un año electoral lo cual agrega presión a la situación. Nada fáciles las perspectivas.

Pero si por el lado del entorno económico llueve, por otros no escampa. Nos encontramos con que un número no despreciable de compatriotas están abusando del derecho y de sus garantías. Unos utilizando de manera inapropiada la figura de la estabilidad reforzada para generar incapacidades, que lamentablemente en muchos casos son inexistentes y solo es una excusa para no trabajar, ser reubicados en el mejor de los casos; pero eso si, seguir percibiendo la remuneración.

Se ha desnaturalizado por otros el mecanismo de las consultas previas, volviéndola en la mayoría de las oportunidades como una herramienta de presión económica y no en una búsqueda de respeto o mejora de los derechos y condiciones de la comunidad. Para rematar, han proliferado las consultas populares y los paros en todo el país, aumentando la incertidumbre.

El panorama político también está enrarecido y está aumentando la desconfianza. El debate nacional en torno al desarrollo económico esta dando un giro de 180º. Hoy tenemos una izquierda repotenciada y algunos políticos de otros partidos, enviando mensajes permanentes que cuestionan el modelo económico y la propiedad privada. Se está intentando modificar las reglas de juego y en general quieren poner en discusión el rol del sector empresarial en la sociedad.

Espero estar equivocado, pero da la sensación que todos los astros se estuvieran alineando de manera adversa para el desarrollo empresarial.

Parece que no entendemos que sin empresas no hay paraíso. Sin ningún tipo de vergüenza y con toda firmeza debemos cerrar filas para defenderla y promoverla. Parémosle – Bolas, fomentemos su crecimiento, desarrollo y proliferación.

Démosle toda la importancia como núcleo social de transformación, generador de oportunidades, bienestar, calidad de vida e ingresos. No le pongamos obstáculos, facilitémosle la tarea. Nivelemos la cancha y generemos reglas claras de juego para que podamos competir sin incertidumbre. La empresa independientemente de su tamaño, es el aliado natural de todos para generar desarrollo y disminuir las brechas sociales.

La mejor manera de combatir la pobreza en Colombia es generar un país de empresarios.

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Por: Gabriel  Velasco  Ocampo