Sociedad de Cafres

Que somos violentos por naturaleza, que nos hemos hecho en medio de la guerra, que el conflicto y el enfrentamiento es parte de nuestro ADN son algunas de las estupideces que nos hemos inventado para justificar nuestra altanería, prepotencia e irrespeto para tratar al otro.

Si hay algo que nos caracteriza como sociedad es eso: el irrespeto. Estamos acostumbrados a pasar por encima de los demás, a sacar provecho o ventaja  de las circunstancias jugando a los vivos bobos, excusados en la malicia indígena. Todos los días en la calle, en los medios, en el trabajo uno de los nuestros o nosotros mismos caemos en los mismos errores de toda la vida.

Fíjese usted qué hace un colombiano cuando otro le pide vía, pues cerrarlo y adelantar. ¿Qué pasa si usted va de afán y necesita hacer fila en el banco? Intenta colarse o inventa triquiñuelas para que lo atiendan primero. Somos una sociedad de cafres, irrespetuosos e incultos y a eso se suma el karma que repetimos por doquier de que somos violentos.

Esta semana un video se hizo viral en las redes sociales cuando un hombre pateó a una perra labrador llamada Sasha en la ciudad de Bogotá. El vídeo que se filtró conmocionó a animalistas y a cientos de seguidores quienes incluso se  apostaron a las afueras del edificio donde vive el animal, para linchar y devolverles las patadas a los dueños de la perra por maltratadores.

Los insultos en las redes no se hicieron esperar. ¨Asesinos­¨ ¨Vaya péguele a su mamᨠ¨Ojalá me lo encontrará en la calle para devolverle las patadas¨ ¨No se deje ver porque le doy para que respete¨, decían otros. Al mismo tiempo otros  usuarios rechazaban la magnitud de la movilización porque consideraban que tanta alharaca no valía la pena por un animal, recriminaban a los quejumbrosos por no manifestarse de forma similar por los niños de la Guajira, o por los habitantes de calle o simplemente por el resto de seres humanos vulnerables.

Acostumbrados como estamos a apalear a quien piense distinto, la batalla en el campo virtual fijó límites de uno y otro bando. El debate se centró en que a los animales no se les pega, pero pocos reflexionaron sobre la violencia, la agresión contra quién fuera. Nos acostumbramos a ¨darnos en la jeta¨ para solucionar los problemas. Políticos, periodistas, ciudadanos del común al quedarse sin argumentos invitan a la calle a darse puños para mediar en cualquier conflicto.

Aquí todo lo hemos resulto a balazos o a coñazos, y me excusan los lectores la literalidad de mis palabras pero no encuentro otra explicación a la medieval forma de solucionar nuestros líos.  Es el irrespeto constante, la sobrevaloración, la incultura para entender que existe la diferencia y que las palabras deben ser nuestras únicas armas para el debate o  la confrontación.

Uno de los textos más interesantes de los últimos años sobre la ideología del  colombiano lo escribió recientemente Enrique Serrano en un ensayo fantástico que devela los delirios de esta nación que se desconoce a sí misma. Serrano acaba de un tajo la excusa eterna del ADN conflictivo en el ensayo ¿Por qué fracasa Colombia? Y lo cito:  «La violencia en Colombia es un capítulo episódico, reciente, similar a la de otros pueblos en transición hacia una caótica pero urbanizada modernidad. No fue algo que  constituyó  la esencia de la nacionalidad¨

En otras palabras ni ADN, ni herencia indígena, ni pasado violento, estamos enfermos ésa es la explicación y la única cura, la vacuna como dice Mujica es la educación.

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MABEL LARA

@MabellorenaLara

El Nuevo Liberal