Domingo de Ramos con baño de sangre por atentado Islámico en Egipto

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El Domingo de Ramos, que es el comienzo por excelencia de la reflexión de los cristianos coptos en la Semana Santa, se convirtió ayer en una tragedia: al menos 43 personas fueron asesinadas en dos atentados, reivindicados por el Estado Islámico, en dos ciudades.

El primero ocurrió en la iglesia Mar Girgis en Tanta. Aún no tienen certeza sobre si alguien se hizo explotar o si había una bomba ubicada en las primeras filas de la nave principal.

El segundo tuvo lugar en una iglesia de Alejandría: un suicida fue el responsable.

El papa copto, Teodoro II, había estado en esa iglesia horas antes. Los representantes religiosos aseguraron que se encontraba en buen estado.

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El ataque no es sorpresivo. Por años (podría decirse que por siglos), los coptos cristianos en Egipto han sido amenazados en primer lugar por el Estado y en segundo por los grupos extremistas.

Sus seguidores ocupan poco más del 10 % de la población nacional. Su religión es quizá una de las más antiguas que se desprende del rito cristiano: su iglesia fue fundada en el siglo I a.C. en apariencia por el evangelista San Marcos, que arribó a Alejandría por esos años.

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Este ataque recuerda, de manera inmediata, aquel que sucedió el 11 de diciembre del año pasado en una iglesia copta en El Cairo: 28 personas fueron asesinadas por un kamikaze del Estado Islámico, que ve a los miembros de esa religión como apóstatas. Por ese entonces, el grupo yihadista aseguró en una carta pública: “Que sepan todos los infieles y apóstatas de Egipto y de todas partes, que nuestra guerra contra los idólatras continúa”. En 2013, el Estado Islámico ya había ejecutado a 21 coptos. La amenaza es latente.

Si bien hoy su enemigo principal y mortífero es el yihadismo, la iglesia copta ha tenido numerosos roces con el Estado desde la caída de la monarquía en ese país, en 1952.

Los tres mandatarios que gobernaron desde entonces y hasta 2001 (Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat y Hosni Mubarak) permitieron la restricción del culto hasta el punto de reforzar las llamadas “diez normas”, un grupo de estatutos legales que les representan numerosas trabas para llevar a cabo su culto.

En la Constitución egipcia, la expresión religiosa es libre (se anota, pese a todo, que la religión nacional es el islam).

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Sin embargo, los coptos se han tenido que someter a extorsiones, secuestros y asesinatos como el ocurrido este  Domingo de  Ramos a causa de su creencia sin que los procesos judiciales rindan ningún efecto.

Las agresiones en su contra, de acuerdo con los informes de la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, quedan en la impunidad.

Se han comprobado casos de turbas musulmanas que asesinan a coptos por su orientación religiosa. Un caso emblemático fue la muerte de Badr Abdullah Massoud, hijo de un granjero, quien se negó a pagar un “impuesto” exigido por un grupo extremista en los años noventa.

Tras la caída de Mubarak, los problemas persistieron: Mohamed Mursi, que tomó el poder en nombre de los Hermanos Musulmanes, mantuvo una relación hostil hacia esa minoría religiosa.

Los choques contra el Ejército produjeron en una ocasión la muerte de 23 coptos. Sus casas fueron incendiadas por extremistas sin que existiera un proceso de investigación y algunas iglesias, muchas veces levantadas en madera (pues están sometidos a un largo proceso burocrático para construirlas con los materiales debidos), han terminado en el suelo a causa del fuego. Mursi no mejoró nada de esa situación (de hecho los coptos denunciaron una discriminación sistemática).

La iglesia, entre tanto, reclama una mayor representación en las decisiones nacionales.

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La llegada de Abdel Fattah al Sisi, el nuevo presidente, cambió el panorama. Al Sisi fue el primer mandatario en asistir durante la celebración de Navidad a la iglesia copta y tras los ataques de diciembre y los de ayer ha hecho sendos pronunciamientos y movilizado tropas para proteger las principales instalaciones religiosas.

También bombardeó zonas de Egipto donde hay militantes del Estado Islámico en respuesta a los ataques. No obstante, las “diez normas” siguen en pie y la debilidad institucional posterior a la caída de Mubarak sigue siendo una falla general. Los coptos se sienten desprotegidos.

Redacciòn