Las Paradojas del Soldado Micolta

Agustín Charrupí Popó, mi padre, estando en hospital, con un brazo lesionado, solo acompañado en esos instantes, por un radio Transistor, donde oía aun un excelente humorista Uruguayo,  Hebbert Castro, decía…” no me sobe de esa manera doctor”-Porque? Pregunto el médico, -“porque el paciente es el que siente”.

El humor es simple, se trata de hacer pasar una situación amena, al menos somos el único mamífero que ríe, sin embargo, este tiene sus límites, determinados estos por el derecho ajeno, este tipo de “humor” singularizado en concreto, por ejemplo en una minoría étnica o de tendencia sexual o religiosa, inclusive en una persona determinada, es una burla y la burla, desde luego, es una agresión de impredecibles consecuencias.

Las gentes se familiarizan con algunos personajes, cosas, maneras, formas, dándoles un valor determinado en sus vidas, independientemente de la utilidad de los mismos para toda la sociedad donde se vive, tales personajes cosas etc., pueden causar daño al resto de la comunidad y no nos damos cuenta, es tal el afecto que hemos desarrollado por tales adminículos que pretendemos no desprendernos de ellos, o por lo menos protestar inclusive insultando a los que propiciaron escindir ese mal del conjunto de la sociedad.

Si mi papá hubiese vivido en estos tiempos estaría añorando a Jaime Garzón, al chiste elaborado, preparado, al que incita a pensar, desdeñando el chiste ramplón, ordinario y burlesco de los pobres y los desamparados, pero en fin: “El paciente es el que siente”, continuaba diciéndole el viejo, a los médicos que pretendían sobarlo de tan inusual manera.

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Ahora resulta que los que protestan vehemente por la salida del aire del personaje de marras, no son los ofendidos, o sea aquellos a los que Micolta e se refería sarcásticamente en su mordaz y vulgar caricatura, sino los que plácidamente se soslayaban o mejor retozaban contemplando la burla de los demás, los cuales en su mayoría eran mestizos y desde luego no son el objeto de la burla, plasmadas en las ocurrencias de un soldado negro, mal hablado, pobre, ignorantón, además de pícaro que socialmente, estaba lejos, pero muy lejos, de la condición social de los que lo observaban en TV, “el paciente es el que siente”, dijimos los negros ofendidos.

Pues bien, a esas personas, los que no quieren pensar, sino retozar, les tengo un recado grosero definitivamente:No va más el soldado Micolta.

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Por: Néstor Raúl Charrupí  Jiménez