EDITORIAL «La política el pan de cada día»

Estamos a  pocos días de unos comicios electorales regionales en Colombia. ¿Está el pueblo interesado por las elecciones? La verdad es que mucha gente está decepcionada de la política y mira las elecciones con desconfianza, por las pésimas administraciones  locales  y seccionales.

Continúa, año tras año, una política que no logra transformar la vida del pueblo. ¿Por qué? ¿De quién depende el cambio esperado? Con respecto a las elecciones y a la política, vamos a pensar y a debatir estos puntos fundamentales.

 

  1. La política es un derecho y un deber de todos. La política no es sólo de los políticos, sino un derecho y un deber de todas las personas. Participar en política es ejercer ciudadanía. Quien no actúa políticamente deja de ser ciudadano consciente y responsable.

 

  1. La política es la vida del pueblo. Todos los años, todos los días, es tiempo de política, pues siempre debemos estar trabajando para el bien común. El bien del pueblo es alimento, salud, educación, vivienda, tierra, trabajo, seguridad. Para bien o para mal, todo depende de la política. Política es participación, es lucha, es cambio.

 

  1. El tiempo de elecciones es un período más intenso para hacer política. Para evaluar la política y para mejorarla. Un período decisivo para la vida del país. En este año, concretamente, estamos llamados a votar para elegir los nuevos Gobernadores, Alcaldes, Diputados, concejales y Ediles. Todos sabemos cuán importantes son estos cargos para nuestras vidas y para el futuro del país.
  2. Los candidatos/as dependen de nuestro voto. Serán aceptados o rechazados por nuestro voto. Dependen del voto del pueblo. De ahí la responsabilidad de todos/as a la hora de escoger el candidato y a la hora de votar. Los políticos elegidos serán nuestros representantes en el Gobierno Seccional, en la Asamblea Departamental, en los Concejos Municipales y en las Juntas Administradoras  Locales. Colocamos en sus manos nuestro futuro.
  3. Criterios para juzgar los candidatos/as y para votarlos/as:

– No votes a aquel candidato/a que compra votos con dinero o se ufana en tenerlo en cantidades sospechosas, promesas o empleo.

– Mira las compañías del candidato. Y lo que ya ha hecho a favor del pueblo o lo que ha hecho contra el pueblo; si se enriqueció injustamente, persiguió, estuvo o está envuelto en corrupciones o mafias políticas, si sobre él hay hasta el más mínimo cuestionamiento o dudas de negocios torcidos  o aliados con  siniestros  personajes, si es deshonesto en sus negocios, no respeta la familia, usa la religión para hacer campaña, ha mentido en sus promesas.

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  1. Candidato bueno. El buen candidato es aquel que ya que ya ha demostrado honestidad y servicio al pueblo. Aquel que ya está en la caminada y es respaldado por el movimiento popular consciente. Que tiene ejecutorias en la vida pública o privada, demuestra  estar preparado y conocimiento de las problemáticas,  que puede mostrar el haber gestionado o participado en la ejecución de obras o acciones  comunitarias
  2. El voto no tiene precio; tiene consecuencias. Y de esas consecuencias somos todos responsables. Así como debemos escoger y votar bien, debemos también denunciar todos los actos de corrupción que se comenten en la campaña electoral. No se trata de votar caprichos, ni castigar a alguien, se trata es de ser coherentes y llenos de convicción a  la hora de  ir  a las urnas.
  3. Acompañar a los candidatos/as elegidos/as. Es nuestro deber acompañar, durante el ejercicio de su mandato, a los políticos que elegimos. Nosotros los elegimos, nosotros los animaremos y fiscalizaremos y, si fuera preciso, les exigiremos y les corregiremos.
  4. Hacer política no es sólo votar en una urna: es continuar políticamente la caminada del pueblo y el comportamiento de sus representantes. No es estar solo todo el tiempo criticando y rajando, hay que hacerle valer nuestros votos como ciudadanos responsables.
  5. Nuestra fe cualquiera que sea también nos compromete políticamente. Nosotros, por lo demás, debemos actuar políticamente por causa de nuestra fe, por exigencia del Evangelio o religión que profesemos.

El papa Pablo VI recordaba que «la política puede ser una de las más altas expresiones del amor cristiano».

No olvidemos que  Dios en el fondo tiene  su gran política: el Reino de Dios, que es la vida verdadera y la verdadera felicidad para todas las personas y para todos los pueblos.

Construir un Departamento nuevo, unas  nuevas poblaciones,  nuevas  comunidades  y sociedades, un Mundo Nuevo, es trabajar por el Reino de Dios. Estamos llamados a hacer buena política todo el día, todo el año, y a participar conscientemente de las elecciones.

¿La política ha muerto?   No es el Pan de cada  día ¡Viva la política!