La necesidad de la Izquierda Democrática

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Imaginémonos a Colombia representada como una gigantesca balanza como aquellas con las cuales se simboliza la justicia y para que esté en equilibrio los ciudadanos de un país, deben estar distribuidos a lo largo, tanto a la derecha como a la izquierda.

Ahora bien sigamos suponiendo que al subirse a la balanza cada ciudadano común intuye en qué lado se sitúa, pero necesita alguien que los oriente y eso representan los partidos.

Supongámonos también que en ambos extremos hay unas fuerzas organizadas radicales muy poderosas que quieren que la balanza se incline fuertemente hacia su lado como las FARC o como las del “pacto de Ralito”.

Y finalmente imaginemos que hay otros pesos más moderados, pero con tendencias claras, como es el pensamiento institucional, democrático y fuerte, tanto de derecha como de izquierda, necesarios ambos, pues la ausencia de alguno de ellos inclina la balanza y desaparece el equilibrio (la armonía).

Ahora si aterricemos a la realidad: Colombia es el 12avo país más desigual del mundo y el 16avo con más terrorismo; con una clase política acomodada, poco comprometida con la patria, servil a los grandes intereses económicos y proclives al statu quo (desigualdad). Cualquier persona, grupo o partido que se atreva a salirse del redil es inmediatamente señalado como violento y/o revolucionario.

Proponer por ejemplo una sociedad libre, justa y solidaria; una “economía social de mercado” donde los beneficios deben distribuirse a la totalidad de la población y que para mantener el “Estado de Bienestar” éste debe dirigirse con gran responsabilidad ambiental y fiscal para no perjudicar a las generaciones venideras, es inmediatamente catalogado peyorativamente como izquierdista revolucionario. O al contrario; Si alguien propone una Política Fiscal Restrictiva para aumentar el impuesto al consumo y reducir los de la producción y la renta para generar riqueza a todos los ciudadanos, se le dirá neoliberal y facho.

Los partidos colombianos que serían los encargados de ubicar a la población se han situado en un intervalo muy reducido del espectro ideológico yuxtaponiéndose entre sí y, confundiendo a la gente. Tanto los partidos tradicionales como los nuevos llámese Centro Democrático, La U, Verde y Cambio Radical se aferran desesperadamente al centro por temor a ser señalados como grupos radicales.

Con sus errores y aciertos debe reconocerse que el Polo Democrático Alternativo es el único partido que hoy en Colombia sin pena y sobre la mesa, se ubica en el espectro independientemente de las consecuencias: Son de “izquierda democrática” y la practican; por ejemplo, algunos de sus dirigentes desde que se instauró la apertura económica, han defendido la producción y el empleo nacional; han defendido a la clase trabajadora y a los grupos más vulnerables; defienden los servicios públicos como un elemento solidario y comunal, todos principios que antaño defendió el Partido Liberal.

Hoy cuando el tiempo les ha dado la razón en sus vaticinios, cuando el país inicia un grave proceso de desmantelamiento y desindustrialización, hay que ver, entre otros y con sorpresa, a los grandes productores de leche, carne y azucareros que antes los llamaban “comunistoides” buscando a los líderes del Polo para que los defiendan. Entonces se pregunta uno: ¿Es o no necesaria la izquierda en una sociedad?

Lamentablemente ha sido tanto el daño que las FARC le ha hecho al pensamiento colombiano el cual sumado y upado por los partidarios del statu quo, han hecho que muchos ciudadanos injustamente por no informarse debidamente, asocien el pensamiento de izquierda sólo a las Farc cuando en realidad hay muchos demócratas que lo tienen tal como existe en los países más desarrollados del mundo.

Los colombianos no nos podemos olvidar que hubo líderes, incluso presidentes como Alfonso López Pumarejo que con una clara ideología de izquierda democrática lograron reformas como la de 1936 donde se protegieron los derechos de los trabajadores, se autorizó la creación de sindicatos y la función social de la propiedad. Él fue quien sin ningún recato, acogió la necesidad de tener un Estado robusto en un país en desarrollo y nacionalizó la prestación de los servicios públicos especialmente el de energía, entre otros.

Así pues, es imperioso para la pacificación del país, que los partidos colombianos recuperen y practiquen su ideología sin tanto pragmatismo y acuerdos solapados, pues es sólo con la contribución de todos y en el reconocimiento en la diferencia, como lograremos el necesario equilibrio de la balanza.

SANTIAGO ZAMBRANO SIMMONDS

  zambrano_santiago@hotmail.com