El sacerdote más querido de Montería fue asesinado antes de una misa

Luis A. León Pereira fue alcalde de esa ciudad, rector de un colegio y hasta piloto de avioneta.

El sepelio del padre Luis A. León, nacido en Charalá, Santander, se llevó a cabo el pasado jueves en Montería. Cientos de personas lo acompañaron.

Foto: El Meridiano de Córdoba

El sepelio del padre Luis A. León, nacido en Charalá, Santander, se llevó a cabo el pasado jueves en Montería. Cientos de personas lo acompañaron.

Un día después de que el padre Luis Alfonso León Pereira ganó las elecciones como alcalde popular de Montería, para el periodo 1995- 1997, fue a la casa del empresario del transporte Leonardo Andrade Beleño y le dijo: “Vengo a agradecerle porque los buses que puso para los votantes de su hija sirvieron para que se desplazaran los míos”.

La anécdota refleja la personalidad transparente y desprevenida del sacerdote asesinado en Montería el pasado miércoles 15 de julio.

 La historia la recuerda con nostalgia su contrincante en esas elecciones, Margarita Rosa Andrade García, 25 años después.

Ella aspiró a la alcaldía de la capital cordobesa por el movimiento Mayorías Liberales, y el sacerdote fue ungido por un grupo de ciudadanos independientes por el que nadie daba un peso en la ciudad.

Los partidos políticos tradicionales, Liberal y Conservador, habían sido los amos y señores de la plaza hasta ese 30 de octubre de 1994. Ese día, tras el conteo, con el eslogan ‘Montería sí tiene Cura’, se impuso Luis Alfonso León Pereira con 23.762 votos, por encima de Andrade García, quien llegó a 9.273, y de otros dos candidatos.

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Este jueves, desde la catedral San Jerónimo, ubicada en el centro administrativo y financiero de la ciudad, y minutos antes de que ingresara el féretro con el cuerpo del padre León, asesinado por un indigente la tarde del miércoles 15 de julio, Andrade García recordó que “el sacerdote fue el rector del colegio Seminario Juan XXIII, donde estudió mi hermano; bendijo la empresa Monteriana de Transporte (Montra) cuando mi papá la inauguró; fue confesor de mi hermana y mío, capellán del colegio Sagrada Familia, párroco de la iglesia de La Castellana, Costa de Oro y del barrio El Recreo. Amigo de todos y, al final, abandonado injustamente por muchos cuando terminó su periodo como alcalde”. Lo acogió Montería

Luis Alfonso León Pereira nació en Charalá, Santander, el 25 de febrero de 1939 y se fue a Montería en 1967, cuando tenía 28 años. Para ese entonces ya era sacerdote e hizo del Sinú su tierra, y de sus feligreses, sus amigos.

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Se ganó la confianza de todos muy rápidamente. Era un cura de hablar claro y pausado. Un hombre tranquilo a quien le gustaba enseñar. Así lo recuerda el padre Darío Peinado, de la diócesis de Montería.

“Lo conocí en el año 76, cuando yo estaba en el seminario. Era luchador, convencido de sus ideales, cívico, centrado y, lo mejor, todo lo hacía con entusiasmo”, comenta.

Justo por esas características escaló muy rápido dentro de la iglesia y llegó a ser el rector de una de las instituciones educativas más prestigiosas de la capital cordobesa, el colegio Seminario Juan XXIII, donde estudiaron algunos de los que se harían empresarios y dirigentes destacados de la región. “Fueron las épocas doradas del seminario. Después de la salida del padre, el colegio perdió brillo”.

Otro sacerdote que lo conoció fue el padre Gustavo Castaño, cuando en el año 1981 estudiaba en el Seminario Juan XXIII y el padre León era rector del colegio.

“Estábamos en la cancha cuando vimos sobre nuestras cabezas una avioneta. Supimos después que la piloteaba el padre León. Fue un hombre polifacético: ciclista, narrador radial de la Vuelta a Colombia y hasta torero en Cereté. Encabezó los cartelones de las corridas de búfalos en La Ye, Sahagún”, dijo Castaño.

Quienes también lo recuerdan con cariño son las hermanas Terciarias Capuchinas del colegio La Sagrada Familia, donde el padre León fue capellán. Las monjas terminaron este jueves 16 de julio las actividades escolares más temprano que de costumbre, pues querían estar en primera fila en la misa de despedida en la catedral.

También las exalumnas hacen memoria diciendo que era un ser especial, aunque demasiado riguroso y extenso en sus sermones.

“Educar a señoritas requiere precisión”, acostumbraba a decirles a las niñas en el pasillo al salir de la eucaristía.

El arzobispo Carlos José Ruiseco, desde Barranquilla, recordó que el padre León “sirvió a la comunidad de forma intrépida y original: lo conocí en 1977, cuando regentaba con su característico don de gentes el colegio Seminario Juan XXIII, y mi contacto más reciente con él fue cuando planeábamos publicar un libro”.

En esa institución se dio a conocer como hombre cívico, y fue allí donde haría las grandes amistades que le propondrían aspirar a la alcaldía.

El día de la posesión como alcalde, el 1.º de enero de 1995, los ciudadanos lo acogieron como una buena señal para acabar con la corrupción.

El padre León sonrió recibiendo la banda y, en ese mismo instante, la iglesia se recogió para, con mirada crítica, reflexionar sobre lo que significaba que un sacerdote saltara a la política.

Duró poco la luna de miel del cura y político con la ciudadanía, y, por supuesto, los partidos políticos aprovecharon para cuestionarlo.

Al sacerdote no le perdonaban que se hubiese rodeado de un equipo técnico que no lo aconsejó bien a la hora de tomar decisiones. El diario El Meridiano de Córdoba publicó extensos reportajes sobre las investigaciones de la justicia a contrataciones de varias obras y el cobro de valorización para financiarlas. También EL TIEMPO siguió las investigaciones.

Esos hechos le hicieron olvidar, varias veces, la tranquilidad conseguida a través de su espiritualidad, por lo que le reclamaba a los medios que no lo trataban con justicia.

Al terminar la alcaldía se declaró cansado y atormentado por una clase política que asfixiaba al que mejor intenciones tenía. Y no tardaron la Procuraduría y la Fiscalía en abrirle varios procesos por hechos que, alguna vez reveló, no entendía.

En esas épocas era costumbre ver al padre desaliñado y triste, vistiendo camisa blanca y pantalón gris, que siempre llevaba muy arriba de la cintura.

Algunos de los que lo acompañaron a la alcaldía lo dejaron solo, y sin dinero y sin abogados enfrentó algunos procesos judiciales de los cuales salió avante con la ayuda de varios ciudadanos.

No volvió a oficiar misas durante su alcaldía y no lo pudo hacer hasta mucho tiempo después. En Montería se comentó que lo habían suspendido, y él jamás se quiso referir al tema.

Regresó al púlpito a encontrarse con la muerte

Los ojos cansados del padre León volvieron a brillar por encima de sus lentes gruesos cuando regresó a la vida sacerdotal hace siete años, después de la ayuda del entonces obispo de la diócesis de Montería, monseñor Julio César Vidal Ortiz, quien hoy está en Cúcuta. Se convirtió en el orientador de muchos curas que reconocieron en él al hombre que trabajaba por la gente.

Pasó por varias capillas hasta que llegó a la del centro parroquial San Antonio de Padua, del barrio Bonanza de Montería, donde la feligresía lo quería mucho.

Hacía una semana le habían pedido que se encargara temporalmente de la parroquia del barrio Sucre. Hasta allí llegó el miércoles 15 de julio Deiby José Baqueth, señalado por la comunidad de asesinar al sacerdote.

Habitantes del sector relatan que, el viernes 10 de julio pasado, el hombre de la calle entró a la iglesia a insultar al sacerdote diciéndole que “el padre era el demonio y él, Dios”.

Transcurrieron cinco días y el hombre volvió al templo mientras el padre León disponía de todo para la próxima eucaristía.

Los gritos salidos de la capilla sorprendieron a los habitantes, quienes al llegar al lugar encontraron el cuerpo del sacerdote gravemente herido, al parecer con un vidrio.

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El presunto agresor fue golpeado y salvado de un linchamiento por los agentes de la policía. La muerte horrenda del exalcalde y sacerdote, quien se consagró a Dios y al Sinú, hoy les duele a todos los que reconocieron en Luis Alfonso León Pereira a un luchador que no fue vencido por la política, pero sí por la violencia.

GINNA MORELO
Editora Unidad de Datos
EL TIEMPO