La Cabaña Un Ingenio comprometido con el desarrollo social y económico de la Región

CARLOS JULIO BONILLA

Por: Carlos Julio Bonilla Soto

Representante a la Cámara @CJBONILLASOTO

El ingenio azucarero La Cabaña es una empresa con más de 65 años de presencia en la región, y su influencia económica y de desarrollo social abarca más de 15 municipios del norte del Cauca y sur del Valle. La Cabaña se ha convertido en el principal motor de empleo, de desarrollo y de aportes tributarios a varios municipios; actualmente ofrece bienestar a más de 4.000 trabajadores y sus grupos familiares, también entre 25 y 30 mil empleos indirectos entre contratistas, proveedores y el movimiento que trae a la región.

Entre sus logros está el de desarrollo de las familias donde opera, pues, viene ejecutando proyectos de educación en básica primaria y bachillerato para sus colaboradores y sus núcleos familiares para que posteriormente continúen sus estudios técnicos, tecnológicos y profesionales.

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La Cabaña durante estas seis décadas se ha convertido en una de las empresas que ofrecen mayor estabilidad laboral a sus empleados, logrando que en su mayoría alcancen pensionarse, para ello, ha creado el programa “Nuevo Amanecer” para brindarle a sus trabajadores las herramientas que le ayuden a retornar a su hogar y asumir positivamente su nuevo rol de pensionado.

También ofrece programas de vivienda que han mejorado notablemente la calidad de vida de la comunidad en la región. En convenio con el ICBF se realizaron más de 600 visitas domiciliarias a las familias de personal de corte y de campo en los municipios de Santander de Quilichao, Guachené, Miranda, Puerto Tejada, Florida, Corinto, Padilla, Villa Rica, entre otros, con el objetivo de realizar talleres de vida como: redes de apoyo, prevención de la drogadicción, educación sexual y reproductiva, violencia familiar, etcétera.

Esta empresa, también aporta a la educación, pues tiene al servicio de la comunidad la Escuela Urbana Mixta Naranjo y Cabaña, en la que más de 200 niños reciben educación integral basada en valores, también está el proyecto de “Aula Global” que fortalece su compromiso con la región con dotación de salas de sistemas.

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La Cabaña igualmente aporta su granito de arena en deporte y salud, con brigadas en zonas como Llano de Taula Alto, Vereda Muchilanga, Campo Llanito, Sabanetas, Caponera, El Silencio, Barragán, Guabal y Quintero, donde las familias recibieron recreación, atención médica, odontológica, medicamentos, desparasitación, toma de exámenes, citologías, asimismo, apoyo para la construcción de un polideportivo en la vereda Llano de Taula, Guachené, con cancha de fútbol y cancha de baloncesto.

Debo destacar, la creación de la Fundación Moisés Seinjet, nombre de quien fuera el fundador del Ingenio, que muchos de nuestros abuelos y padres conocieron, con el ánimo de ayudar y servir a toda una comunidad de gente comprometida, gente trabajadora que ha sido golpeada por muchas inclemencias y por las carencias que han tenido a raíz de la falta de presencia del Estado muchas veces.

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La responsabilidad social de La Cabaña va más allá de este loable propósito, pues con el pago de los impuestos, predial, de industria y comercio, avisos y tableros, entre otros, ayuda a que los municipios donde tiene actividad, inviertan en materia de vías, saneamiento básico, educación, salud, deportes e infraestructura.

Ahora, en un contexto más amplio, el sector azucarero colombiano se encuentra ubicado en el valle geográfico del río Cauca, desde Santander de Quilichao, en el norte del departamento del Cauca, atravesando el departamento del Valle del Cauca por su zona plana, hasta La Virginia, en el departamento de Risaralda, que abarca 47 municipios.

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En esta región hay 225.560 hectáreas sembradas en caña para azúcar, de las cuales, el 25% corresponde a tierras propias de los ingenios y el restante 75% a más de 2.750 cultivadores de caña. Dichos cultivadores abastecen a 13 ingenios de la región (Cabaña, Carmelita, Manuelita, María Luisa, Mayagüez, Pichichí, Risaralda, Sancarlos, Tumaco, Ríopaila-Castilla, Incauca y Providencia).

Gracias al clima privilegiado de la región, y al contrario de lo que sucede en el resto del mundo (con excepción de Hawái y el norte de Perú), se puede sembrar y cosechar caña durante todos los meses del año.

Según el Centro de Investigación Económica y Social, Fedesarrollo, el impacto socioeconómico del sector azucarero en su área de influencia y en la economía colombiana, señala que por cada empleo creado por los ingenios azucareros en sus plantas de producción, se generan 28,4 empleos adicionales en otros sectores de la economía. Gracias a la actividad manufacturera de los ingenios, 265 mil empleos se proveen a través de toda la cadena de valor.

En los municipios cañicultores, frente al resto de municipios en Colombia donde se desarrollan otras actividades agrícolas o agroindustriales, la calidad de vida es mejor y las necesidades básicas insatisfechas de la población son menores. Una mejor calidad de vida se ve reflejada en una mayor tasa de escolaridad, una mayor tasa de alfabetismo y una menor tasa de mortalidad.

Respecto al Producto Interno Bruto (PIB), por cada peso que los ingenios aportan, se genera en la economía un efecto 4 veces mayor, lo que significa que los ingenios son grandes dinamizadores de la economía colombiana.

Según el estudio, cada peso que pagan los ingenios de impuestos a la producción, se traduce en 10 veces más impuestos pagados por las actividades del resto de la cadena. De esta manera, los ingenios son grandes generadores de recursos destinados a financiar inversión pública, entre la que se encuentra la educación y la salud.

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Invito a la bancada de congresistas del Cauca a que trabajemos para que las empresas del sector azucarero se fortalezcan y sus frutos se sigan viendo reflejados en la región, y que incluyamos en la agenda legislativa y de control político para que permanezcan estables la Franja de Precios del Sistema Andino (SAFP) y Fondo de Estabilización de los Precios del Azúcar (FEPA).

El FEPA es un instrumento de la política agrícola de Colombia, establecida en la Ley 101 de 1993 y organizado para el sector azucarero a través del Decreto 569 de 2000. Los objetivos dados por la ley para este tipo de fondos son: procurar un ingreso remunerativo, regular la producción nacional e incrementar las exportaciones. Los instrumentos de estabilización son dos: las cesiones, que se generan cuando el precio de venta en un mercado dado excede los precios de referencia, y las compensaciones, cuando el precio es inferior a los precios de referencia. Su naturaleza es de saldo cero, es decir, todos los ingresos por cesiones se utilizan para el pago de compensaciones, salvo por el costo que genera su operación.

Tiene una estructura autónoma, con su propio órgano de dirección, donde participa el gobierno nacional a través de los Ministros de Agricultura y Desarrollo Rural y Comercio, Industria y Turismo, una secretaría técnica, una contabilidad y una estructura de control propias, y cuenta además con el apoyo operativo de Asocaña, como ente administrador de sus recursos.

El órgano de administración está conformado por dos miembros del gobierno nacional (Ministros de Agricultura y Desarrollo Rural y de Industria, Comercio y Turismo), 7 miembros elegidos para representar a los productores de azúcar y 4 miembros elegidos para representar a los cultivadores de Caña. Esta elección se hace a través de un sistema de votación por circunscripción nacional, con la misma dinámica que se lleva a cabo para las elecciones del Congreso.

Mientras tanto, la Franja de Precios del Sistema Andino (SAFP) es un mecanismo adoptado con el objeto de estabilizar el costo de importación de un grupo especial de productos agropecuarios, caracterizados por una marcada inestabilidad en sus precios internacionales. La estabilización se consigue aumentando el arancel ad-valorem cuando el precio internacional está por debajo del nivel piso, y rebajando dicho arancel, hasta cero, cuando dicho precio está por encima del techo.

Es decir, la franja de precios equivale a convertir el arancel en un factor variable que se ajusta automáticamente para contrarrestar las fluctuaciones externas del precio internacional. De esta manera, el Sistema permite una mayor vinculación de los precios internos de los productos importables con la tendencia de los precios internacionales, y permite a los productores nacionales contar con señales claras para toma de decisiones de siembra, producción y comercialización de sus productos.

Respecto a que en Colombia se paga el azúcar más caro que en otros países, según el Gobierno Nacional, el Ministerio de agricultura, Asocaña, Procaña, y demás agremiaciones azucareras, han concluido que, en cuestión de precios, Colombia ha clasificado entre los de rango medio, junto con Rusia, Perú, Filipinas y México, mientras que en Brasil, Pakistán, India y Tailandia el azúcar es más caro para los consumidores.

PROCLAMA DEL  CAUCA