Corinto espera la paz entre un despertar de la economía campesina y la Marihuana.

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Cuando llegamos a Corinto me sorprendió la dimensión del pueblo, mucho más grande que los recuadros de los noticieros amarillos de la guerra.

Descubrí que la gente linda de Corinto, resultado de la mezcla en las camas, los campos y las calles puede más que las malas novedades y la muerte. La gente de Corinto es gente sabia de historia, llena de sucesos, un pueblo que reclama tierra y vida.

El valle del río Cauca se acaba en las esquinas de Corinto, los latifundios de la caña de azúcar se estrellan con las calles del pueblo. Al otro lado comienza la montaña grande, la cordillera central de los Andes, la de los minifundios campesinos, negros e indígenas.

Subimos a la montaña en el viejo campero de Julio, todo un equipo de la Agencia Prensa Rural guiado por los líderes campesinos de Corinto, por una trocha en mejores condiciones que las del Magdalena Medio. La montaña verde es bella, habitada por campesinos con caras sorprendentes que se alegran tímidamente por la llegada de los forasteros.

Después de subir una hora por la montaña el paisaje nos descubre la mayor contradicción de este territorio. La agroindustria de la caña es un mantel verde que lo inunda todo desde el Río Cauca hasta el piedemonte y que arrincona a los campesinos en la montaña. Intereses poderosos e instituciones han puesto de manera perversa a campesinos, indígenas y afrodescendientes a pelearse por la poca tierra que queda.

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Arriba la gente resiste con la economía campesina que mezcla en las fincas café, pancoger, pastos, frutales, aguacate, con coca, marihuana y más arriba, amapola.

Visitamos una de esas fincas. Entre los pastos y el café, encontramos un invernadero con 200 plantas de marihuana Cripi, una variedad clonada que antes solo había visto en la revista “Cañamo” en Barcelona.

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El campesino nos explica su vida, su economía y la de la marihuana. Las plantas están sembradas a un metro de distancia entre ellas y dos metros separan cada surco. El invernadero está electrificado, la luz ilumina durante 45 días las plantas en las noches frías. El ciclo productivo dura 5 meses. Dos meses de floración y otros tres meses hasta la cosecha. El campesino gastó $1.800.000 en insumos, dos millones en el invernadero y $1.200.000 en manos de obra. Cinco millones de gastos en total.

 

El cultivo, que es totalmente agroecológico, produce 50 libras de Cripi en cada ciclo. El precio de la marihuana en el mercado es de 200.000 pesos cada libra. 10 millones de pesos en venta y cinco de ganancia. A partir del segundo ciclo el campesino ve 7 millones de ingreso cada cinco meses. Estos ingresos los complementa con los del café y los de algunos animales, así sobreviven decenas de miles de campesinos en el Cauca, mientras no se presenten otras alternativas.

La alternativa la ven ellos, los campesinos, en las Zonas de Reserva Campesina, en que el gobierno cumpla los acuerdos, en poder acceder a mejores tierras, en la superación del conflicto territorial. Es el camino para superar la marginación, mejorar las condiciones de vida y vivir en paz.

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La paz necesaria se anhela en Corinto, la tensión del conflicto armado es grande, el pueblo militarizado siempre está pendiente de las señales y los estallidos de la guerra. El pueblo de Corinto reclama, como todo el país, gestos de paz de las partes confrontadas.

Esta tierra reclama tierra, nadie se quiere ir de acá, la espera todavía es resistencia. Durante los días del segundo encuentro nacional de Zonas de Reserva Campesina esa espera se convirtió en la esperanza para decenas de miles de campesinos del Cauca.

 

Por César Jeréz – Agencia Prensa Rural sobre los cultivos y las dinámicas de la economía campesina en Corinto, Cauca