DIÁLOGO MAESTROS-GOBIERNO LA RUTA A SEGUIR

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Miles de docentes  de todo el país marcharán este lunes hacia Bogotá para exponer ante el Gobierno nacional nuevamente su pliego de peticiones y  continúa el paro nacional del magisterio. El llamado a la ministra de Educación y a Fecode es a buscar consensos, pues por encima de todo está el derecho a la educación de millones de niños y jóvenes.

Como estaba anunciado por parte de la Federación Nacional de Educadores, Fecode, se inició ayer en todo el país el paro nacional indefinido del magisterio bajo la consigna de defender el derecho a la educación pública. La ministra del ramo, Gina Parody, expresó que no habrá negociación en medio de la protesta, que afecta directamente a los niños y jóvenes de las escuelas y colegios oficiales.

En realidad, la negociación empezó hace seis semanas, pero las partes no lograron llegar a un acuerdo. Los puntos neurálgicos colocados en la mesa de diálogo aluden a una nivelación salarial del 10%, a unos ascensos y estímulos, a la salud, a la atención de la primera infancia en lo concerniente a los tres grados del preescolar, y a la implementación de la jornada única.

No se necesita hacer un gran esfuerzo para darse cuenta de que la manzana de la discordia de este pulso entre Gobierno y magisterio tiene que ver con el tamaño de los recursos. El magisterio ha hecho una serie de peticiones, entre las cuales lo salarial tiene un peso considerable, y el Gobierno ha hecho unas ofertas que no han dejado nada satisfecha a la Fecode.

Y ha ocurrido lo que siempre pasa cuando se rompe un diálogo alrededor de un pliego petitorio: sobreviene la exhibición de fuerza, con la implicación, en este caso, de que los perjudicados son los niños y jóvenes que se educan en las instituciones de carácter oficial.

 

Colombia está tratando de darle a la educación el énfasis que nunca ha tenido –por lo mal que le ha ido en las pruebas internacionales y por los retos que supone construir prosperidad y desarrollo–, y ello se expresa en el hecho de que el Plan Nacional de Desarrollo la ha incorporado como uno de los ejes estratégicos del cuatrienio, al lado de la paz y la equidad.

Fecode dice que eso es pura retórica, pese a que se han visto señales alentadoras de aumento presupuestal. Sin embargo, no será en la brevedad de un cuatrienio que el país logre ponerse al día en sus ostensibles retrasos en educación, especialmente en temas esenciales como infraestructura, cobertura y calidad. A lo que se añade una coyuntura económica adversa, como la caída de los precios del petróleo, que ha golpeado  nuestra economía.

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Fecode no parece dispuesta a aceptar estos argumentos sobre las fluctuaciones económicas. Por supuesto que los educadores tienen derecho de exponer sus reivindicaciones, y podrá alegarse que el sector está lejos de los niveles ideales de remuneración que merecería un colectivo tan importante para el futuro de cualquier país.

Pero lo desaconsejable es que el diálogo se rompa y derive en paro, como ha ocurrido. Tendrán las partes que volver a acercarse e intentar un acuerdo razonable y realista para que no se lesione al estudiantado, pues una protesta indefinida de maestros no solo es impresentable y constituye un notorio desgaste, sino que termina teniendo impactos negativos en la calidad de la educación.

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La invitación, por tanto, a la ministra Gina Parody y al presidente de Fecode, Luis Grubert, es a restablecer las conversaciones y buscar alternativas de arreglo. Más allá de las diferencias, tiene que explorarse un consenso, como en negociaciones anteriores igualmente difíciles. Le conviene al país y a decenas de miles de estudiantes que están en plena formación.